La luz es el principal sincronizador de nuestro reloj biológico. La temperatura de color —medida en kelvin— influye en cómo nos sentimos y rendimos.
Por la mañana, una luz fría (5000–6500 K) y con buena intensidad ayuda a activarse. Por la tarde conviene bajar hacia tonos cálidos y reducir la intensidad para preparar el descanso.
Con escenas programadas en tiras y lámparas inteligentes puedes automatizar esos cambios: una rutina de «despertar», otra de «concentración» y una de «noche».
Evita luz azul intensa en la hora previa a dormir y usa control de brillo en las zonas de paso nocturnas.
